Caminaba por los caminos verdes.
Entre montañas y senderos,
entre cascadas y sonrisas.
Hacía equilibrio y me desmoronaba,
soñaba y cantaba.
Estaba tranquila, en paz,
como alguna planta sin depredadores.
El agua sobraba, todos tomaban de ella.
Nadie moría de sed, la tortura no existía,
y dinero solo era una palabra inventada.
Un mundo perfecto, equilibrado, feliz.
Las palmas de las manos agitandose en el aire,
una sonrisa haciendole cosquillas a otra,
la piel al desnudo, sin ser esclava o fantasía ajena.
Inocencia perfecta, alaridos sinceros,
felicidad complaciente, miradas eternas.
Placer en el verde.
V.



























