Zoo en el Desierto
Hoy estaba paseando por un desierto lleno de aves tristes con alas asimétricas, mi intención era llegar a un mundo imaginario de nubes donde podría por fin alejarme de la cotidianidad épica que el mundo tiene últimamente (y que en verdad detesto), pero algo me detuvo, y ese algo era un lindo patito de esos que tienen el cuerpo gris (con pinceladas azules o moradas, no lo se) y la cabeza verde, y como ya he dicho, el verde es el color mas hermoso del mundo, y como el tenia la cabeza verde decidí prestarle atención, aunque en verdad, todos los patos del mundo me caen bien, con sus sonidos raros y sus plumas bonitas… en fin, el pato se me atravesó y seguidamente se acercaron otros dos idénticos a el, pensé “oh, trillizos, que divertido” y me puse a conversar con ellos, hablaron del existencialismo pateluico androinico y fue súper divertido, definitivamente salí de lo cotidiano, ahí supe que estaba llegando al mundo de las nubes.
Luego de despedirme de los tres patitos trillizos continué mi imaginado camino. No paso mucho tiempo antes de que una manada de hermosas garzas de patas largas (muy parecidas a replicas gigantes de mosquitos patas blancas) se me acercaran, interrumpiendo una vez mi camino. Ellas no eran tan intelectuales como los patos, pero eran muy agradables, tenían personalidades humildes y gentiles, tenían hambre y sed, así que decidí darles un poquito de mis sobras de galletitas de avena (espero que la avena no las haga mal, pense), fue un momento gracioso, me quedaron algunas anécdotas que prefiero reservarme para la vejez…
Al continuar mi camino, me sentí feliz, muy feliz por haber ayudado aunque sea un poco a esas hermosas garzas llenas de amabilidad y dulzura, y también por haber aportado nuevas ideas de discusión a aquellos patos trillizos y verdes. Supe que mi destino era encontrarme con todas esas aves, para dejar de pensar que estaban tristes, y para llegar al mundo de las nubes imaginarias con un sentimiento de paz realmente único. Y así fue.
V.


Escribe un comentario