Jardín Botánico
Nuestras vidas entrelazadas entre árboles e insectos.
Juntos, en aquella tarde de noviembre, sonreíamos.
Caminamos hasta que las piernas nos reclamaron.
Nos sentamos frente a frente y nos contemplamos.
Las miradas cómplices y los gestos coquetos.
El silencio formaba parte de nuestro entorno.
La intensidad de las miradas se incrementaba.
Mis pensamientos volando como impulsos libres.
Tus manos acercándose y acariciando mi rostro.
Mis manos, cubriendo mis gestos, no te detenían.
Los deseos apilándose en el aire que nos rodeaba.
Todo pudo ser en aquel momento, y no fue.
Hoy existe el arrepentimiento de la prudencia,
los árboles siguen esperando la próxima visita,
donde podamos, finalmente, cumplir todos los
deseos que siempre hemos querido cumplir juntos.
V.


Escribe un comentario